La Revista del Diario
Publicado el 07-17-2008

Cuba detrás del telón

Por Luis de la Paz

La publicación de Cuba detrás del telón I. Teatro cubano: vanguardia y resistencia estética (1959-1961) y Cuba detrás del telón II. El teatro cubano entre la estética y el compromiso (1962-1969), de Matías Montes Huidobro, bajo el sello Ediciones Universal, marca con toda seguridad, un hito en el estudio, documentación y análisis de la dramaturgia cubana, como nunca antes, creo, se había realizado. Es necesario matizar de inmediato, que otros importantes académicos han investigado profundamente y con acierto, en la labor de dramaturgos, obras, puestas, así como en períodos históricos y sociales, pero nunca con la asiduidad y minucioso ejercicio investigativo con que Montes Huidobro lo ha realizado, a lo que hay que añadir además, el protagonismo y las vivencias propias, pues el profesor, es también dramaturgo y ejerció la crítica en la prensa cubana durante parte de las etapas que examina.

Otros estudios de Montes Huidobro, anticipo, base y fuente de esta nueva evaluación son Persona, vida y máscara en el teatro cubano (1973), su primer gran aldabonazo, El teatro cubano en el vórtice del compromiso (2002) y ya en la serie “Cuba detrás del telón”, El teatro cubano durante la República: Cuba detrás del telón (2004). De manera que el autor se supera así mismo y recientemente mencionó que llevará sus sondeos, en libros aún en proceso, hasta 1980.

De los libros que hoy nos ocupan, más que desmenuzar su contenido (para lo cual no hay espacio en esta breve nota), vale destacar el aporte que en su conjunto representan, al trazar los perfiles de las obras que se escribieron, estrenaron y se comentaron en la prensa cubana, durante el período que comprende el estudio. “Durante los tres primeros años (1959-1961) que siguen al triunfo revolucionario la vida cubana se mueve en un péndulo agitado y contradictorio como corresponde a todo proceso histórico de esta naturaleza [...] La vida cultural se agita y enriquece con multitud de posibilidades que implican una total renovación. La nómina de obras teatrales que se escriben y se estrenan es impresionante, y durante estos tres primeros años se producen textos de valor permanente en la dramaturgia nacional”, expresa el autor en sus conclusiones. Luego un aporte valiosísimo es una tabla cronológica de las obras estrenadas y premiadas en ese ciclo.

El segundo volumen mantiene la estructura del primero, conduciendo al lector por los senderos que marcan el movimiento teatral, en este caso el período comprendido entre 1962 y 1969, una difícil etapa en la vida cubana en todos los renglones de la cotidianidad, que complicó drásticamente el desarrollo artístico en libertad. En sus conclusiones Montes Huidobro apunta: “El dramaturgo es en esencia el portavoz del proyecto ideológico independiente que representa el proceso creador [...] El autor puede ser un agente ideológico peligroso (entre los marxistas) o un estorbo que debe mantenerse lo más alejado posible del escenario (entre los mercaderes del quehacer escénico) que no hace más que entorpecer lo que los otros quieren hacer, para vender su mercancía con la obra escrita por el dramaturgo”.

En su conjunto, estos libros muestran el rostro vivo de la dramaturgia cubana entre 1959 y 1969, pero traslucen también el espectro del terror, la persecución y la falta de libertad, que va cubriendo los escenarios cubanos. Sin duda, otro de los imprescindibles estudios para entender el último medio siglo en la vida de los cubanos.